Un atentado con explosivos ocurrido el sábado 25 de abril en la vía Panamericana, a la altura del municipio de Cajibío (Cauca), dejó al menos 14 personas muertas y cerca de 38 heridas, incluyendo menores de edad. La explosión, provocada por un cilindro bomba que impactó un vehículo de transporte público, causó destrucción total en varios automotores y generó escenas de caos en una de las carreteras más importantes del suroccidente colombiano.
Según las primeras investigaciones, el ataque habría sido perpetrado por disidencias de las FARC vinculadas al Estado Mayor Central, bajo el mando de alias “Iván Mordisco”, específicamente por estructuras como la columna Jaime Martínez. Autoridades indicaron que el artefacto fue activado en medio del tránsito de vehículos civiles, lo que aumentó el número de víctimas. El presidente Gustavo Petro calificó el hecho como un acto terrorista y anunció acciones judiciales internacionales contra los responsables. El atentado se enmarca en una escalada de violencia en el suroccidente del país, donde en días recientes también se han registrado ataques en Cali, Palmira y otras zonas del Cauca. Además, se reportó que el hecho pudo estar precedido por retenes ilegales instalados por grupos armados en la zona, lo que evidencia el control territorial que mantienen estas estructuras en corredores estratégicos. La vía Panamericana, clave para la economía regional, ha quedado afectada tanto en movilidad como en seguridad.
Tras la tragedia, autoridades locales implementaron medidas como ley seca, restricciones de movilidad y suspensión de eventos públicos, mientras el Gobierno ofreció recompensas para dar con los responsables. La red hospitalaria del Cauca entró en alerta máxima por la cantidad de heridos, y líderes políticos reaccionaron en medio del contexto preelectoral, aumentando la tensión por la seguridad en el país.
