El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, afirmó que en su país “no volverá a haber elecciones”, una declaración con la que oficializó el fin de la alternancia democrática y dejó claro que su gobierno no permitirá procesos electorales que puedan poner en riesgo la continuidad del oficialismo en el poder.
El pronunciamiento se produjo durante la conmemoración del 47.º aniversario de la Revolución Sandinista.Ortega, de 80 años, gobierna Nicaragua desde 2007 y, desde 2017, comparte el poder con su esposa, Rosario Murillo. En su discurso aseguró que los grupos opositores en el exilio buscan regresar al poder con apoyo extranjero y sostuvo que su administración impulsará medidas para impedir que eso ocurra mediante elecciones.
La declaración ha sido interpretada por analistas y organismos internacionales como un paso definitivo hacia la consolidación de un régimen de partido único. En los últimos años, el Gobierno nicaragüense ha sido señalado por detener e inhabilitar a dirigentes opositores, cerrar medios de comunicación, cancelar organizaciones civiles y concentrar el poder en el Ejecutivo.
Las palabras de Ortega generaron una rápida reacción internacional, ya que representan un cambio explícito respecto al sistema electoral del país y refuerzan las críticas sobre el deterioro de la democracia en Nicaragua. Diversos organismos de derechos humanos y gobiernos extranjeros han advertido que el país atraviesa una profunda crisis institucional desde las protestas de 2018 y han reiterado sus llamados a restablecer las garantías democráticas.
