Estados Unidos y Venezuela sellaron el viernes un acuerdo petrolero que deja en manos de Washington el control de aproximadamente una quinta parte de las reservas del país suramericano, equivalentes a más de 65.000 millones de barriles. Según Donald Trump, esto reforzaría ampliamente la capacidad de producción de Estados Unidos, cuyo subsuelo alberga apenas 46.000 millones de barriles según la Agencia de Información sobre Energía (EIA).

La presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, precisó que el pacto regirá por 25 años, abarcará 17 campos petroleros y traerá al país más de 100.000 millones de dólares en inversión, además de unos 19 dólares por cada barril producido. El acuerdo ha generado fuertes críticas dentro de Venezuela, fuera del ámbito gubernamental. El exministro y exresponsable de PDVSA, Rafael Ramírez, lo calificó de “neocolonialismo estadounidense” y de un pacto “inconstitucional” que cede el control del territorio y del petróleo a una potencia extranjera.

Delcy Rodríguez respondió que el país conserva la “propiedad” y la “soberanía” sobre sus recursos. Según reportes de varios medios, Washington se quedaría con el 55% de la producción de la empresa conjunta recién creada, con la particularidad de que el Pentágono respaldaría la operación a través de una oficina de inversiones en el exterior conocida como Oficina de Capital Estratégico, algo inédito dado que Washington no cuenta con una compañía petrolera pública propia.

La empresa venezolana que estaría a cargo del proceso podría ser la del empresario Alejandro Betancourt, según medios estadounidenses; Betancourt ha sido investigado por presunto lavado de dinero en España y Suiza. El secretario de Estado, Marco Rubio, calificó el acuerdo como una “gran victoria” para reducir el precio de los combustibles en Estados Unidos, aunque analistas advierten que el efecto en las gasolineras tardaría en notarse. Distribuidores y refinadores tienen previsto reunirse este martes con Trump para discutir los precios en los surtidores.Pese al optimismo oficial, las grandes petroleras estadounidenses —salvo Chevron— se han mostrado reticentes a invertir fuertemente en Venezuela, dado el deterioro de la infraestructura y el historial de expropiaciones del régimen.

La producción petrolera venezolana ronda actualmente 1,2 millones de barriles diarios, un 30% más que a comienzos de año, pero todavía muy por debajo de los 3 millones de barriles que el país llegó a producir hace un cuarto de siglo.

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