La tensión entre Alemania y Rusia aumentó después de que el Gobierno alemán responsabilizara a Moscú de un intento de ataque con un dron cargado de explosivos en el aeropuerto de Leipzig/Halle. El artefacto fue encontrado el pasado 4 de agosto cerca de un avión de carga ucraniano y pudo ser desactivado antes de que provocara una explosión. Berlín sostiene que las investigaciones policiales y de inteligencia apuntan a una operación vinculada con los servicios rusos.
El ministro del Interior alemán, Alexander Dobrindt, afirmó que el episodio encaja con el patrón de las operaciones híbridas rusas que, según Alemania y otros países europeos, incluyen sabotajes, espionaje, ciberataques y acciones con drones. Investigadores alemanes también habrían identificado a varios sospechosos, entre ellos un ciudadano bielorruso que tendría pasaporte ruso y cuya entrada y salida del espacio Schengen pudo ser reconstruida por las autoridades.
La respuesta de Berlín fue contundente. Alemania decidió cerrar el Consulado General de Rusia en Bonn y la Casa Rusa de Ciencia y Cultura en Berlín, además de impulsar nuevas medidas contra personas vinculadas con operaciones de desestabilización. La Unión Europea y la OTAN han expresado respaldo a Alemania, mientras crece la preocupación por una campaña de acciones híbridas dirigidas contra países europeos que apoyan a Ucrania.
Moscú, sin embargo, rechaza categóricamente las acusaciones y asegura que Alemania no ha presentado pruebas convincentes de la participación rusa. El canciller ruso, Serguéi Lavrov, fue incluso más allá este domingo y afirmó que la reacción alemana representa el comienzo de una “guerra de verdad” contra Rusia. La escalada diplomática aumenta así el temor de que el conflicto entre Moscú y Occidente se extienda mediante operaciones encubiertas y sabotajes más allá del territorio ucraniano.