Organizaciones palestinas y grupos de derechos humanos acusan a Israel de utilizar la arqueología y la protección de sitios históricos como mecanismo para ampliar su control sobre territorios palestinos en la Cisjordania ocupada. Uno de los casos que ha generado mayor preocupación es el de Sebastia, cerca de Nablus, donde las autoridades israelíes ordenaron la toma de unas 2.000 dunams de tierra, una superficie cercana a 494 acres, que incluye un importante yacimiento arqueológico.

Autoridades palestinas aseguran que las tierras pertenecen a residentes de Sebastia y Burqa.La controversia se produce mientras el Gobierno israelí impulsa un plan de aproximadamente 250 millones de shekels para desarrollar sitios considerados patrimonio histórico en Cisjordania. Sus críticos sostienen que estas iniciativas pueden terminar restringiendo el acceso de las comunidades palestinas a sus tierras y favoreciendo una mayor presencia y control israelí sobre las zonas arqueológicas.

Israel defiende sus políticas como parte de un esfuerzo para preservar lugares de importancia histórica y religiosa, especialmente aquellos relacionados con la historia judía. Sin embargo, organizaciones palestinas y activistas denuncian que la arqueología se está convirtiendo en una herramienta política dentro de la disputa territorial y advierten sobre sus consecuencias para el patrimonio y las comunidades palestinas.

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