En medio de un ambiente de profundo dolor, el municipio de Cajibío, en el departamento del Cauca, despidió a las víctimas del reciente atentado perpetrado por disidencias de las FARC en la vía Panamericana. La comunidad se reunió en una ceremonia cargada de simbolismo, donde las velas encendidas y el silencio colectivo se convirtieron en un grito de rechazo a la violencia que sigue golpeando esta región del país.
El ataque, que dejó varias personas muertas y heridas, ha generado indignación a nivel nacional y reavivó el debate sobre la seguridad en los corredores estratégicos del suroccidente colombiano. La vía Panamericana, clave para la movilidad y el comercio, ha sido escenario recurrente de acciones armadas por parte de grupos ilegales que operan en el Cauca, lo que mantiene en alerta a las autoridades.
Durante las honras fúnebres, familiares y vecinos recordaron a las víctimas como personas trabajadoras y comprometidas con sus comunidades. Los testimonios reflejaron el impacto humano de este hecho violento, dejando en evidencia el sufrimiento de quienes hoy exigen justicia y garantías de no repetición. Líderes locales también hicieron un llamado urgente al Gobierno Nacional para reforzar la presencia institucional en la zona.
Este nuevo atentado pone sobre la mesa la compleja situación de orden público en el Cauca, donde las disidencias continúan ejerciendo control territorial. Mientras tanto, Cajibío intenta levantarse en medio del duelo, enviando un mensaje claro: la violencia no puede seguir siendo parte del día a día en Colombia.
