Estados Unidos define este martes 15 de septiembre si vuelve a certificar a Colombia como un país comprometido con la lucha contra el narcotráfico, después de que hace un año la administración de Donald Trump retirara al país su certificación y señalara que había “incumplido manifiestamente” sus obligaciones internacionales en materia de antinarcóticos. La decisión es especialmente relevante para la relación bilateral y llega en un momento de acercamiento entre el Gobierno de Abelardo de la Espriella y Washington.
La determinación estadounidense tendrá en cuenta el comportamiento de Colombia durante los últimos 12 meses frente a la producción y tráfico de drogas, así como las acciones desarrolladas para combatir a las organizaciones criminales. La anterior descertificación estuvo relacionada, entre otros factores, con el cambio de enfoque de la política antidrogas durante el Gobierno de Gustavo Petro, que suspendió la erradicación forzada de cultivos de coca. Colombia continúa siendo uno de los principales países productores de cocaína del mundo, por lo que el resultado de la evaluación tiene una importancia estratégica para Washington.
Lo que está en juego va más allá de una calificación política. La descertificación puede afectar mecanismos de cooperación y asistencia de Estados Unidos en la lucha contra estructuras como el Clan del Golfo, el ELN y las disidencias de las Farc vinculadas al narcotráfico. Por eso, una eventual recertificación sería interpretada como una señal de fortalecimiento de la cooperación bilateral en seguridad, inteligencia y lucha contra las drogas, mientras que una nueva decisión negativa podría aumentar las tensiones entre ambos países.
El escenario actual es diferente al de hace un año. El Gobierno de De la Espriella ha planteado una política más agresiva contra el narcotráfico y, tras la reciente visita del secretario de Estado Marco Rubio a Colombia, ambos gobiernos anunciaron un fortalecimiento de la cooperación en seguridad. Colombia también busca mayor apoyo estadounidense en tecnología, radares y herramientas para combatir a los grupos dedicados al narcotráfico. La decisión de Washington será, por tanto, una prueba importante para la nueva etapa de las relaciones entre Colombia y Estados Unidos.