“Presidente ‘de facto’ de Venezuela”. Así describe The New York Times el rol que ocuparía el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, al que atribuye una serie de funciones sobre el control de las finanzas del país caribeño, el acceso a sus recursos naturales y la aplicación de sanciones. specto a este último punto, tendría la última palabra sobre quién puede hacer negocios en el país y cómo. El medio neoyorquino, que cita a más de una decena de funcionarios y personas cercanas a ambos gobiernos, señaló que Rubio estaría implicado en la reforma del sector petrolero venezolano, y ha impulsado el acceso de las empresas estadounidenses al mercado del país sudamericano.
Además, tendría control directo sobre los ingresos públicos de Venezuela. Una muestra de su implicación en el día a día del país. De hecho, The New York Times asegura que Rubio mantiene un contacto estrecho con la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez. Según las fuentes citadas por el diario, ambos intercambian mensajes con frecuencia y abordan cuestiones que van desde nombramientos en el Gobierno, hasta decisiones económicas y políticas de primer nivel. Un papel equiparado al desempeñado en 2003 por L. Paul Bremer III., el administrador civil designado por la administración de George W. Bush para gobernar Irak tras la invasión estadounidense. Para la Administración Trump, la estabilización económica de Venezuela tendría un importante componente estratégico, dado que supondría garantizar su acceso a uno de las mayores reservas de petróleo del mundo.
La información sale a la luz meses después de que la Casa Blanca llevara a cabo el operativo que culminó con la captura del presidente venezolano, Nicolás Maduro, a comienzos de 2026. Días después, también trascendieron los planes de Washington en el país sudamericano, que pasaban por la estabilización, reconciliación nacional y la transición democrática. Un proceso que el propio Rubio definió el pasado enero como “de transición”. Para EEUU, el petróleo es un elemento troncal en la gestión de Venezuela, al considerar que la recuperación de la industria energética resulta indispensable para estabilizar la economía del país.
